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ARTÍCULOS
09
01
2019

¿Ciencia o experiencia?

No podemos negar que en la mayoría de ámbitos del rendimiento deportivo hay contradicciones entre lo que dicen las publicaciones científicas y lo que se ha hecho durante muchos años.

Sería inútil y peligroso decir que una es más fiable o eficaz que la otra. Sin embargo, vamos a revisar los patrones que han seguido las evidencias más aceptadas últimamente, para intentar sacar algunas conclusiones sobre la manera en que conseguimos el conocimiento y si nos deberíamos fiar más de académicos o de entrenadores.

Diferencias entre académicos y científicos

Antes de empezar, quiero dejar clara la diferencia que para mí hay entre un científico y un académico, pues es el kit de la cuestión.

Un académico puede ser un doctor de su campo con miles de estudios y publicaciones científicas sobre alguna materia, pero que vive en su torre de marfil dando cátedra y no ha bajado al mundo real a testar sus ideas y ver si realmente son factibles. Es el ejemplo de un profesor de medicina que nunca ha pasado consulta a un paciente -pero es experto en el gen X82 de un ratón- un profesor de fisioterapia que nunca ha tratado a un paciente con esguince de tobillo pero ha leído mucho sobre el plasma enriquecido: o un profesor de ciencias del deporte que nunca ha entrenado a un deportista de élite pero que ha hecho muchos test en bicicleta estática.

Un científico es diferente. Tiene formación y realiza publicaciones científicas, pero luego las testa en el mundo real. Aprende de sus fallos y ve que hay cosas del mundo real que son avanzadas a lo que la ciencia ha conseguido. Que puede haber cosas que aunque no se haya demostrado que funcionen científicamente, de algún modo sí que funcionan. Y viceversa. Que quizá el problema esté en el método científico con el que se valoran.

Un científico normalmente publica menos, y da menos charlas -duda más de todo, porque sabe más-. Es una razón por la que la mayoría de científicos no acaban en la Universidad -salvo honrosas excepciones- sino que terminan estudiando por ellos mismos o, en algunos campos y con suerte, contratados por instituciones o empresas -CSIF, grupos de investigación, etc-.

En cambio, en este mundo de titulitis, son los académicos, los puramente teóricos, los que copan los puestos de enseñanza. Enseñando a los alumnos la teoría de lo que deben hacer cuando terminen la universidad, que en la mayoría de los casos poco les ayuda cuando se enfrentan a un deportista/paciente por primera vez.

¿Qué va primero, la ciencia o la experiencia?

Vamos a coger ejemplos de metodologías bastante asentadas en el mundo del entrenamiento y aceptadas por casi todos:

Entrenamiento Polarizado

Es curioso pero el concepto “entrenamiento polarizado” no ha nacido de ningún estudio científico y pese a parecer reciente, es de los conceptos más antiguos del entrenamiento, solo que sin este nombre.

Fue Stephen Seiler quien, anotando la distribución de intensidades que seguían deportistas de alto nivel de ciclismo, atletismo, remo y skí nórdico; se dio cuenta de que la distribución era muy similar: aproximadamente el 80% de sesiones se realizaban a ritmo suave (por debajo de umbral aeróbico) y el 20% de sesiones a un ritmo fuerte (por encima del umbral anaeróbico), sin apenas trabajos entre los dos umbrales, incluso en corredores de maratón.

Fue a partir de este descubrimiento que se empezaron a diseñar estudios científicos pensados para refrendar esta teoría. Podríamos decir que aquí, sin duda, la práctica fue por delante de la ciencia.

Trabajo de fuerza

En el trabajo de fuerza tenemos el caso contrario. Desde el principio del siglo XX, los deportistas de resistencia no se han preocupado mucho por trabajar la fuerza. O bien la realizaban de formas que ahora no consideramos óptimas -muchas repeticiones con poco peso, trabajo con lastres o con desarrollos muy atrancados-. A raíz de las tesis de Roonestad y Badillo, entre otros, el entrenamiento de fuerza ha ido cogiendo mucho auge y ahora mismo es raro el deportista que no mete trabajo de fuerza máxima en su programa. En este caso: la ciencia ha ido por delante de la práctica.

Volúmenes de entrenamiento

“Pedalea mucho. Ese es el secreto”. Eddy Merckx.

Hasta hace 10 años, la clave del entrenamiento era acumular más y más kms. Cuantos más mejor. Solo hace unos pocos años la situación ha ido virando hacia menos volúmenes y más intensidad. ¿Por qué?.

No podríamos decir aquí que haya una causa clara. Numerosos artículos científicos han demostrado los beneficios de los programas de alta intensidad, pero a su vez los deportistas y entrenadores ya eran conscientes de esto. Seguramente, el ser un sistema muy cambiante ha hecho que, al probar unos deportistas a entrenar menos kms y más intenso y salirles bien la jugada, se contagie a los demás poco a poco.

Dieta en competición

La dieta ahora mismo es muy similar a lo que se ha hecho siempre, a grandes rasgos. Dominan los hidratos de carbono -pasta, arroz-, el pollo y pescado blanco. Pero no siempre ha sido así. En la antigua Grecia, antes de competir en los primeros JJOO de la historia, la dieta estándar era un filetón de ternera para darles fuerza. El ensayo y error de deportistas que se sentían más ligeros al tomar hidratos unas horas antes de competir hizo que la dieta fuese virando hacia algo más ligero.

Cubiertas de 25mm

Hace pocos años se usaban cubiertas/tubulares de 19mm. Esto fue cambiando hacia 23, lo que a muchos les parecía un desperdicio de vatios -unas ruedas de 23 en teoría tendrían más rozamiento-. No ha sido hasta que la ciencia ha descubierto que las ruedas de 25 e incluso 28mm tienen el mismo coeficiente de rozamiento que su uso se ha generalizado. La ciencia ha ido por delante de la experiencia.

Masaje

Curioso ejemplo el del masaje: ha sido realizado desde el comienzo del ciclismo de competición, y sin embargo la ciencia es incapaz de demostrar empíricamente que  tenga algún beneficio, más allá del factor psicológico de relajación. Es probable que el masaje actúe principalmente como un procedimiento de relajación mental y recompensa tras una dura competición, y esta sea la clave de su efectividad. Aun así, cuando se sigue usando en el mundo real, debemos plantearnos que es beneficioso?

Creo que el masaje es una de las terapias que se irán perdiendo con el paso del tiempo, cambiándolo por métodos de crioterapia, presoterapia mecánica y sesiones de relajación guiadas por psicólogos. Pero requerirá tiempo y equipos de científicos dispuestos a aguantar la resistencia al cambio de los propios ciclistas.

Estiramientos

Con el uso de estiramientos hemos vivido un boomerang. Al principio del siglo XX, nadie estiraba. Gracias a los estudios académicos de la época, se puso de moda estirar para prevenir lesiones, mejorar el rendimiento y recuperar. Y ahora, con estudios más fiables, se ha puesto de relevancia que los estiramientos no solo no mejoran rendimiento o lesiones, sino que pueden ser contraproducentes. ¿Quién sabe si dentro de 40 años, con nuevas técnicas de investigación, no se volverán a poner de moda?

 

En conclusión: tanto la ciencia como la experiencia son importantes, ya que vivimos avances desde los dos lados. Sería inútil por tanto centrarnos solamente en uno u otro extremo. Ni ser un académico que no testa en el mundo real sus ideas, ni ser un entrenador con desconocimiento en la parte teórica.

 

Autor: Manuel Sola Arjona

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