ARTÍCULOS
12
09
2018

Estrés y su influencia en el rendimiento. Una nueva realidad.

Los seres humanos tendemos a querer entender  y controlar el mundo, convertirlo en algo matemático, racional y exacto. Por eso, también intentamos cuantificar y encapsular en fórmulas matemáticas los entresijos del rendimiento deportivo.

La aparición de tecnologías como los potenciómetros en ciclismo y GPS en atletismo han aumentado nuestra capacidad de convertir el rendimiento físico en matemáticas. Estas tecnologías tienen el potencial de mejorar el proceso de entrenamiento, pero también conllevan peligros y errores.

No me malinterpretéis. Los datos son muy útiles, pero hay que saber interpretarlos bien y darles la importancia adecuada. Interpretar los datos no se trata de saber entender el funcionamiento de distintas métricas o fórmulas matemáticas, sino en conocer cómo se han producido esos datos y por qué.

Interpretar los datos no se trata de saber entender el funcionamiento de distintas métricas o fórmulas matemáticas, sino en conocer cómo se han producido esos datos y por qué.

A lo largo de los últimos años han surgido una inmensa cantidad de fórmulas derivadas de los datos, como TSS, TSB, IF, FTP , etc. La teoría para el cálculo de todas estas fórmulas parte de un paradigma común, el principio general de adaptación al entrenamiento: ante un estrés físico determinado, se producen unas adaptaciones predeterminadas. Así, controlando las diferentes cargas físicas podríamos conseguir las adaptaciones deseadas y, en teoría, podríamos predecir mediante estas fórmulas cuando conseguiremos el máximo rendimiento. Suena lógico, ¿no?.

En estas teorías hay un agente principal, el desencadenante de las adaptaciones: hablamos del estrés o estímulo de entrenamiento.

¿Qué es el estrés? ¿Es lo mismo estrés físico que mental? ¿Cómo afecta al organismo? ¿El estrés mental afecta al físico? ¿Y al revés?.

Para responder a estas preguntas, primero hagamos un breve viaje en el tiempo.

Selye: Estrés debido a causas físicas.

Hans Selye realizó la mayor parte de sus experimentos en ratas.

Tenemos que retroceder hasta los años de la II Guerra Mundial, cuando el científico Hans Selye sentó las bases de su teoría sobre el estrés.  Selye cogió a distintas especies animales y las sometió en su laboratorio a diferentes situaciones incómodas –fatiga, hambruna, dolor, temperaturas extremas-. Observó que sus respuestas fisiológicas ante el estrés provocado eran prácticamente idénticas, y seguían una progresión en fases: primero alarma, después resistencia física al cambio y –si el estrés era demasiado fuerte-, agotamiento o daño. Selye llamó a esta respuesta común “Síndrome de Adaptación General”.

 

Selye definía estrés como “la respuesta no específica del cuerpo a cualquier demanda hecha contra él”, y estresor como “cualquier agente nocivo que provoca el síndrome de adaptación general”.

 

Rápidamente, los entrenadores de la época se dieron cuenta del potencial de las investigaciones de Selye para el rendimiento, y copiaron esta teoría para fundamentar las bases de los modelos de periodización deportiva, fundamentos que aún siguen vigentes. Según estas ideas, el estrés mecánico regularía directamente la magnitud de las ganancias de rendimiento.

 

Sin embargo, la visión puramente física del modelo de estrés de Selye pronto entró en conflicto con las ideas del campo de la psicología. Para la psicología, el estrés responde a un evento cognitivo y se produce por un desajuste entre las percepciones que tenemos de las demandas de una tarea y la percepción de los recursos que tenemos para afrontarla.

Un nuevo modelo integrativo.

Selye no pudo encontrar el origen de esta cascada de respuestas corporales en ningún indicador fisiológico, mientras que algunos psicólogos empezaban a sugerir que esta señal de alarma era psicológica, provocada por la aparición de eventos mentalmente “amenazadores”.

Conforme se iban observando desbarajustes en las teorías de Selye, fueron surgiendo nuevas teorías intentando explicar la ciencia del estrés.

Fueron Sterling y Eyer en 1988 quienes crearon un nuevo concepto llamado “Alostasis”. Esta teoría predica que “el organismo mantiene su estabilidad fisiológica anticipando las necesidades futuras justo antes de que estas se manifiesten, realizando adaptaciones neurológicas, biológicas e inmunológicas para contrarrestar los desafíos emergentes”.

Para conocer con antelación los efectos que tendrán estos desafíos en el organismo, este se basa en nuestras experiencias pasadas y expectativas, que se van autocalibrando continuamente conforme vamos ganando experiencia y afrontando estas situaciones más veces.

La respuesta del organismo al estrés no es tratar de mantener estables un conjunto de marcadores fisiológicos –como pensaba Selye-, sino un conjunto de procesos de colaboración entre sistemas que tratan de preservar la funcionalidad del organismo en un entorno impredecible y cambiante.

La idea de alostasis se puede considerar “la increíble paradoja de parecer constante a pesar de estar en continuo cambio”.

Extraída el 18/09/18 de https://image.slidesharecdn.com/alostasis-180217070705/95/alostasis-4-638.jpg?cb=1518851253

Tras responder a un estresor, se produce una adaptación -el organismo sale fortalecido-, y también un desgaste, llamado carga alostática.  Cada vez que luchamos contra un estresor fuerte, queda un cierto desgaste temporal a nivel neuronal, que en exceso termina provocando enfermedad, fatiga, sobreentrenamiento, depresión, etc.

Nuevas investigaciones sobre el estrés

Una gran cantidad de investigaciones recientes demuestran que las regiones emocionales del cerebro –áreas muy evolucionadas entre la amígdala y los ganglios basales– son las primeras en registrar las “amenazas”, a través de respuestas acomodativas, y son las primeras zonas en sufrir desgaste neural tras cargas no asimilables (artículo).

Las emociones calibran la respuesta química al estrés percibido. Hallazgos conteporáneos ilustran que el primer señalizador de estrés no es un evento físico -lo siento, Selye-, sino un cambio emocional debido a la interpretación de señales sensoriales o pensamientos. (artículo, artículo, artículo).

Incluso cuando los factores estresantes parecen no tener significado emocional, como la exposición al frío/calor, virus, heridas, etc;  las respuestas biológicas pueden ser fácilmente modificadas y los tiempos de cicatrización dramáticamente ampliados o recortados simplemente manipulando el contexto emocional (estudio, estudio, estudio).

Rendimiento deportivo

En relación con la planificación de los entrenamientos: los retos mecánicos y energéticos impuestos por el entrenamiento son los primeros señalizadores de la secuencia de adaptaciones positivas. Sin embargo, la reciente actualización de las teorías de Selye revela que el conjunto de adaptaciones provocadas por un entrenamiento está fuertemente entrelazado y modulado por el estado emocional del deportista en ese momento.

Existe una amplia asociación entre un estrés cotidiano alto y problemas de salud (artículo) y disminución del rendimiento (artículo, artículo, artículo).

Una montaña de evidencia ilustra que una acumulación excesiva de estrés multifactorial disminuye el sistema inmune, la coordinación motora, la capacidad cognitiva, el estado de ánimo, el metabolismo y la salud hormonal, y además empeora el rendimiento, eleva el riesgo de lesión y compromete la recuperación (artículo, artículo, artículo). Los atletas sujetos a excesivo estrés  son muy vulnerables a cuadros de sobreentrenamiento, fatiga crónica y depresión (artículo).

Por suerte, también se ha comprobado como estrategias de afrontar y gestionar el estrés aumentan el rendimiento (artículo).

Lesiones

Una gran cantidad de evidencia sostiene una firme asociación entre estrés cotidiano y lesiones deportivas. Este reciente metaanálisis concluye que un historial de estrés psicoemocional es un fuerte predictor de la cantidad de lesiones, y demuestra relación entre personalidades predispuestas al estrés y malos resultados en entrenamiento. Además, los sentimientos de “autoculpa” y “perfeccionismo” incrementan significativamente el riesgo de lesión.

 

Aplicación práctica. Una nueva realidad en los programas de entrenamiento.

La teoría más asentada de adaptación al entrenamiento se basa en la suposición de que los parámetros de carga mecánica dictan directamente las adaptaciones conseguidas, de ahí que surjan métricas que tratan de cuantificar estas cargas (TSS, TSB, IF, etc).

Esta perspectiva contiene una “verdad” superficial, pero es incompleta. La carga mecánica del entrenamiento sirve como generador de adaptaciones, pero no es lo único que las genera y numerosos factores hacen de filtro y pueden hacer que estas adaptaciones aumenten o disminuyan en una proporción muy alta.

Los estímulos mecánicos pasan por unos filtros que los modulan. Algunos de estos filtros son ampliamente conocidos: la herencia genética, el historial de entrenamiento, el estado nutricional del deportista. Sin embargo, hay otra serie de filtros de origen no biológico que interactúan e influyen significativamente en las adaptaciones del entrenamiento (estado emocional, expectativas, miedos del deportista, nivel de estrés, etc).

Por tanto, las respuestas a un mismo entrenamiento en cada persona son muy diferentes:

Atletas que participan en programas conjuntos de entrenamiento exhiben adaptaciones muy variables (artículo, artículo, artículo). Pero curiosamente, cuando se comparan a atletas con características similares siguiendo programas de entrenamiento diferentes, las respuestas suelen ser parecidas (artículo, artículo, artículo).

Por tanto, la afirmación de que existe un plan de entrenamiento superior a los demás sería incorrecta, ya que los deportistas no responden al estrés mecánico de forma predecible.

Disfrutar del entrenamiento amplifica las adaptaciones conseguidas.

 

Consideraciones finales

  • La proliferación de nuevas tecnologías de medición de datos, como los potenciómetros, tiene el potencial de mejorar el control de la carga física, pero también presenta peligros y desafíos.
  • Solemos tener una tendencia a priorizar y valorar métricas que son fácilmente medibles y exactas (como potencia, frecuencia cardiaca, velocidad, distancias, etc) con el coste de restar importancia a parámetros que no se pueden cuantificar fácilmente (como el estado emocional, la carga cognitiva, el estrés, las creencias, expectativas, etc).
  • Sin embargo, la capacidad de un dato de ser medido no refleja su importancia. Tenemos el peligro de centrarnos demasiado en los datos medibles y descuidar los aspectos psicosociales.
  • Contrariamente al mensaje perpetuado por las teorías de entrenamiento, hay evidencia de que el valor de un programa de entrenamiento está ligado con el conjunto de percepciones, expectaciones, asociaciones, dudas, preocupaciones y confianza que el atleta tiene en ese programa, y que directamente influencian las adaptaciones al entrenamiento (artículo, artículo).
  • Al igual que trabajamos las capacidades físicas, podemos trabajar habilidades de solidez emocional y resistencia al estrés al programar entrenamientos que fortalezcan progresivamente estas capacidades (artículo).
  • La planificación efectiva del entrenamiento exige más que limitarse a pronosticar empíricamente los parámetros de carga mecánica futuros.
  • Nuestra visión de una planificación efectiva debería ampliarse más allá de la simple prescripción de la carga mecánica de los entrenamientos para abrazar esta nueva realidad.

 

Bibliografía más importante:

Kiely, J. (2018). Periodization theory: confronting an inconvenient truth. Sports Medicine, 48(4), 753-764.

Van Raalte, J. L., & Brewer, B. W. (2014). Exploring sport and exercise psychology. American Psychological Association.

Zabala, M. (2014). Apuntes asignatura: Especialización Alto Rendimiento Ciclismo. Universidad de Granada

 

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Etiquetas de esta entrada

Autor: Manuel Sola Arjona

Comentarios
3
Jorge

Me siento muy identificado con este artículo y por lo general soy una persona estresada, circunstancias como dormir muy poco por horarios de trabajo, obligaciones de familia, salir obligado a entrenar, pero obligado por mi mismo, cuando el cuerpo te dice, para y duerme y deja hoy la bici, entre otras situaciones. Dias de estres, poco rendimiento, apatico, dolorido y poco recuperado. Dias con un humor mas normal y con mas ganas, rendimiento más asegurado. Hay otras situaciones estresantes como por ejemplo hacer un test, saber q tienes un entreno muy intenso…..cosas q dependiendo del individuo, puede afectar más o menos, al final creo q todo tiene mucho que ver con la psicología de la persona y su entorno. Gran tema Manu, te animo a seguir escribiendo. Mis felicitaciones

Manuel Sola Arjona

Gracias Jorge.

Las condiciones que comentas sin duda hacen que:
– Generes muchísima más fatiga de un entrenamiento determinado.
– Tu capacidad de recuperación disminuye drásticamente -estás todo el día activo, no entran en juego procesos de recuperación y anabolismo-.
– Entrenar con prisas y estrés puede hacer que el beneficio de cada entrenamiento se vea disminuído.
– Lo más importante: con estrés crónico, el rendimiento se ve bastante afectado.

Ahora la cuestión es ver las técnicas psicológicas para superarlo. Normalmente aceptar la situación y normalizarla suele ser más efectivo que “mirar para otro lado”.

Un saludo y ánimo!

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